Volverás

Lloras. Tu llanto, como un arroyo que a su paso corre llevándose de a poquito lo que duele te hace sentir frágil. Lloras, te sientes crujir.

Estas cansado. ¿Acaso esta es una prueba más? ¿Cuánto va a durar? ¿Cuándo va a dejar de doler?

Tus amigos te dicen que volverás a ser tu, a reponerte, que todo va a salir bien. ¿Qué es salir bien? si sientes que todo ha cambiado, que ahora sí te sientes roto. No volverás a sentir igual, de eso estas seguro. Estas convencido que hay experiencias que no se repiten, emociones de cierta intensidad que no vuelven, vacíos que no se llenan.

Has perdido a un ser muy querido y nada parece ser lo mismo.


Estas triste, estas enojado, sientes miedo. Tristeza por un dolor no compartido, por una soledad impuesta, por dejar ir cuando amabas, por extrañar. Una tristeza sofocante que te cala hasta las entrañas. Te enojas por que crees esto es lo más injusto, por qué tú, por qué ahora. Porque las palabras de aliento te suenan superficiales, porque te crees incomprendido. Y miedo, ese miedo a perder a los que amas, que sientes que no puedes respirar, que duele el pecho. Ese miedo que a veces te paraliza, un miedo que se volvió prisa, silencio.


Lloras porque sabes que eso que perdiste ya no volverá y te preguntas si tu podrás volver a ser el mismo. Dicen que de amor no te mueres, pero tu te sientes desvanecer, tu cuerpo duele, tus ojos se humedecen, tu corazón se encoje.


Y aun con ese dolor, a veces te sorprendes sonriendo con el recuerdo, contando las historias compartidas, invocando a la memoria, soñando con su voz.



Hay experiencias que tocan lo más hondo. Pérdidas que duelen de forma tal que crees no podrás recuperarte de ellas, que se siente el vacío y nada podrá reponerlo. Sí, en el mundo hay adversidad, posibilidades de pérdida y dolor. Experiencias que hacen que puedas llegar a sentir que te has perdido a ti mismo y sentir emociones como el enojo o el miedo de manera abrumadora.


Es válido, es importante, es necesario dar tiempo a que estas emociones aparezcan y puedas poco a poco, acompañado por otros transitar tu dolor. Esas experiencias son transformadoras, te llevan a espacios dentro de ti que eran desconocidos, a conectar con lo propio. Y en esa conexión, abrir paso dentro de lo que se ha derrumbado para reconstruir. Aún hay tiempo de recuperar, sí que tienes otra oportunidad. No volverás a sentir igual, lo sabes, pero entiendes que no se trata de reemplazar o reponer lo perdido. Se trata de seguir, de aprender a amar desde diferentes lugares, de diferentes maneras. Se trata de transitar la experiencia y poder darle un sentido distinto. Cambiar lo perdido por lo ganado.


¿Ganado? ¿Se puede ganar algo donde duele tanto? ¿Aprender cuando sientes que en ti hay un vacío? Sí. Y sabes por qué. Porque ese dolor es prueba de que estás vivo y que eres capaz de un amor increíble. Si duele es porque ahí hubo amor. Tu dolor es proporcional a tu entrega. Vulnerabilidad y resilencia, dolor y fortaleza. amor y dolor: paradojas de dos caras de la misma moneda. Ganar la posibilidad de conocerte mejor, de poder contar lo que esa persona te mostró, compartió y enseñó como parte de tu rompecabezas de la vida. Darte cuenta de tu fortaleza, de cambiar de perspectiva, de valorar lo que dabas por hecho.


Ser resiliente, poder sobreponerte. A tu paso, a tu ritmo, de la mano de otros. Al final sabes que te quedas con tu amor, con tu entrega, con tu capacidad para dar y reponerte.


Y de sueño en sueño, de a poquito volverás a ser tu, más sabio, más fuerte, más amoroso. Te renovarás y volverás.

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