Nací para ser libre.


Se acaba la velada y le pido a mi amiga que active su localización para ver el recorrido que el taxi hace hacia su casa y asegurarme que está bien. A pesar de vivir de manera independiente mando un mensaje de buenas noches a mamá para que no tema por mi libertad. He elegido mi atuendo para salir pensando en el lugar a dónde iré, si una falda o vestido será prudente o me pondrá en riesgo de ser agredida. Me he sentido limitada de desplazarme a menos que vaya acompañada de otra amiga, al menos de a dos nos sentimos más valientes. Si es de noche, camino rápido, no me distraigo y alerta a quién va a mi paso solo espero llegar pronto a mi destino. Me han hecho sentir menos valiosa por el cómo ejerzo mi sexualidad, me han cuestionado decisiones sobre mi proyecto de vida. Me he sentido juzgada, agraviada, con miedo. Y no quiero, no debería de vivir sintiéndome así.


Y si te contara todo lo que no solamente me ha pasado a mí, sino todo aquello que llena el espacio de mi consultorio con historias recurrentes donde el valor de la mujer no termina por comprenderse, donde la violencia y el miedo dejan huella, obstaculizan el desarrollo pleno; o los debates en clases donde los micro-machismos se sostienen y parecen normalizarse, sentirías como yo el pecho oprimido, tu mente inquieta, tus pensamientos alborotados.


Y el día de hoy hay algo más que me inquieta: La falta de empatía, de reflexión, de pausa para dejar de lado argumentos simplistas. Adriana, una colega escribió “esta lucha no tiene una sola cara, ni una sola agenda, tiene hermosos puntos en común en un mar de diversidad de planteamientos” y qué atinada es. Me frustro, mi corazón de mujer se enciende y a la vez se motiva. ¿Cómo es posible leer en las redes comentarios como “viejas locas por eso las matan” “vayan mejor a rayarse las nalgas” “ustedes no me representan” “viejas ridículas” “porque las bonitas y guapas no están en la marcha, se quejan por feas”?. Mujeres contra mujeres, hombres perpetuando el odio y la incomprensión.


No es incongruencia, no es violencia combatiendo violencia. Es hartazgo, es desesperación, es rabia desbordada por un sistema que parece no saber cómo responder, es el reflejo de lo que la sociedad produce y que ahora parece no poder-querer hacerse cargo. Hombres y mujeres ¡no perdamos de vista el sentido!. Claro que hay mujeres que han dañado, perpetrado malas acciones y demás; hombres y mujeres presas de una sociedad rota, violenta, resquebrajada y ello no quiere decir que deje de ser un asunto urgente atender a todas aquellas, otras, esas de las cifras de nota roja que solo aumentan. Habrá mujeres presas y reflejo de un sistema opresor como también habrá hombres sensibles, capaces y solidarios con la causa. ¿Lo ves? No se trata de hombres contra mujeres, de buenos contra malos, se trata de repensar una sociedad lastimada, dolida, adormecida y violenta. Se trata de repensarnos todos, desde lo cotidiano, de lo que somos, soñamos y merecemos poder ser.


Porque es eso, la incomprensión. El que como sociedad no se ha entendido que queremos dejar de ser nota roja, estadística, historia de diván. Que en esta exigencia estas tú, estamos todas. Que este es un movimiento de lucha por la libertad y que con ella tú puedas elegir, desde la posibilidad, la diversidad y no desde el temor y la inequidad. Que quizá algunas acciones te representan y otras no tanto, pero no podría caber duda que un grito de hartazgo y de lucha por tu derechos nos compete y representa a todas. ¿Cómo no identificarse por la unión que pide seamos atendidas, reconocidas y protegidas? No comprendo como estar en contra de ello. Que quienes se distraen diciendo que esto no cambiará nada, que con un paro no cambiamos al mundo, que es vandalismo, es una respuesta simplista y solamente enardece nuestro, mi sentir, pues refleja lo mucho que queda por hacer.


Entendamos que el movimiento es una propuesta que exige y denuncia. Que pide que ser mujer deje de ser una desventaja, que deje claro que no es pelea contra hombres, que denuncia el no hacer, el no comprender, el permitir la impunidad. Que exige se reflexione, se entienda, se actúe. Es poder acceder a los mismos derechos y oportunidades, es dejar de tener miedo, ser acosadas, violentadas, desaparecidas. ¿Cómo le hacemos cuando lo pacífico ha dejado de ser escuchado?



Por mí, por mis amigas, mi mamá, mis tías, mis alumnas y exalumnas, mi familia, mi sobrinita que está por nacer, haré un paro el día de mañana, para repensarme, para visibilizar, para detonar preguntas, debates. Un paro no “para no hacer nada” sino para hacer mucho con mi pensar, mi silencio, mi solidaridad.

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